|
Jorge Luis Gotelli nació en
Norberto de la Riestra, provincia de Bs. Aires,
el 22 de septiembre de 1962, de la unión de don
Alfredo Dante Gotelli y doña Julia Nélida Poeta. Con
la llegada de dos hermanos Nélida Mabel y Dante Omar,
ambos farmacéuticos, se conformó su familia. Creció
en el barrio Avellaneda, rodeado del amor de los suyos y
la amistad de vecinos entrañables.
La
escuela Nº 20 “José Manuel Estrada”, sus maestros
y compañeros fueron
testigos de una infancia pueblerina que
forjó su
alma de niño desde la inocencia y los valores de la
vida.
Más
preocupado por la música, el deporte y el romance que
por la ortografía o las matemáticas ingresó a la
escuela de Enseñanza Media Nº 202 "Carlos
Pellegrini"
y obtuvo el título de Perito Mercantil con poco
esfuerzo y muchos exámenes rendidos a fin de año con
la misma facilidad
con que giraba el bolillero. Mientras estudiaba
le hacía los mandados “a la vieja”, su mamá,
que
rezongaba siempre por sus llegadas tarde, cuando
Jorge
encontraba algo con qué distraerse o alguien con
quien jugarse un picadito en la canchita del Banco
Provincia.
Disfrutando
del folklore, noviando con Ana, pescando con su tío
Cholongo, entre las largas y doradas siestas del verano
y el escarchado rocío del invierno, en
un pueblo donde la paz se respira con aroma a
eucaliptos y se disfruta a la sombra del ombú... como
en una postal transcurrió
la vida de este joven alegre y sencillo hasta que
la Patria lo llamó.
Soldado
clase 1962, número de sorteo 639, prestó servicio
militar en la ciudad de Olavarría. En el Regimiento de
Caballería y Tanques II Lanceros General Paz, en el
escuadrón Comandos y Servicio, sector de Logística.
Ingresó en abril de 1981. Juró la bandera en Olavarría,
con el destacamento TANC II a cargo del teniente Fonceca.
Hizo
maniobras de instrucción y preparativos
para combatir en defensa de la patria en las
Islas Malvinas. Las maniobras de guerra empezaron dos
meses antes de la declaración de la Guerra. Estaban a
prueba, de todos los soldados, algunos serían elegidos.
A
Jorge le tocó. No sabía que eran aprestamientos para
la guerra pero lo intuía y trató siempre de ocultarlo
para que en su hogar
no se preocuparan. Pero
Doña Julia lo presentía...
Un día tuvo que informar a sus padres que debía
partir para
combatir en Puerto Argentino.
Su
familia sufrió mucho, por dos meses no tuvieron prácticamente
ninguna noticia. Sólo dos cartas llegaron desde
las Islas Malvinas. Escribió muchas más, pero fueron
interceptadas. Después de cuarenta días sin información
tuvieron la peor noticia, que Jorge no volvería más.
Julia y Dante sólo encontraron refugio en Dios, orando
a diario por un milagro. La agonía de la familia fue
acompañada con la prolija presencia de los amigos
riestrenses. Amigos de verdad, en las buenas y en
las malas.
Hizo
un curso de misil con el que derribaría aviones
en Puerto Argentino. Su tarea, apuntador misilístico. Participó
en combates cuerpo a cuerpo y sufrió emboscadas. Los combates
eran impresionantes. El hambre, el aterrador invierno
austral y las angustias compartidas con sus jóvenes
hermanos de lucha fueron
sus únicos aliados.
En
el Regimiento de Olavarría no había novedades del
soldado perdido, pero cuando ya no quedaban esperanzas,
regresó. ¡Vivo! Sano y salvo.
Volvió
en el Canberra, desde Comodoro Rivadavia lo llevaron a
Campo de Mayo. Ahí, después de una revisación médica,
lo dejaron solo, en la calle y sin dinero. Duro trato
para un joven que había arriesgado tanto por la
Patria. Todos lo creían muerto. En el cuartel sus compañeros
lloraron al verlo. Haciendo dedo en la ruta llegó a la
ciudad de 25
de Mayo y allí lo fue a buscar su tío Raúl Morbidoni.
El
23 de junio de 1982
regresó a
su pueblo, al hogar. Maltrecho por la falta de alimentos
y bajísimas temperaturas,
desgastado física y psíquicamente, pero con la fuerza
necesaria para
contar esa horrible experiencia. Doña Julia, su mamá,
necesitó muchos días para saber que era realidad y no un sueño que Jorge estuviera nuevamente a su lado.
Las oraciones habían logrado el ansiado milagro
y la familia pudo transformar en llanto toda la opresión
que el dolor de lo vivido le causó.
El pueblo lo agasajó como lo que era y es, un héroe. Le
entregaron medallas y honores.
Pero siempre parecerá poco, la vida ya no será igual.
Nadie le podrá devolver lo que dejó en Malvinas.
La
guerra deja sus huellas
y aunque hoy sean sólo un recuerdo, están en el
alma de ese joven convertido en héroe que salió
del pago para vivir una gesta sin sentido que nadie
entiende, algunos ignoran y pocos valoran.
Está
felizmente casado con Ana,
su amor adolescente.
Como si hubiera sido planeado desde el cielo, a los diez
años de la guerra, el 10 de abril de 1992, tuvo su
mejor premio, recuperó el sol ausente en el combate
austral, nació su hijo Lautaro. Su amor entibiará para
siempre los días del soldado y le hará olvidar los fríos
inhóspitos del Atlántico Sur.
Después
de dos décadas, Jorge es un ciudadano más, pero no es
igual a todos, él pertenece a ese puñado de jóvenes,
que Dios eligió para volver de Malvinas y decirles a
todos los argentinos y a quien quiera oír
que la guerra es siempre un horror.
|